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El ángel de mi guarda

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“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

Inspirada en la figura ancestral del Ángel de la Guarda, esta obra es un tributo a la protección que nos acompaña sin descanso.

Su gesto y su forma invitan a contemplar la inocencia de la infancia, la serenidad de la madurez y la paz que todos anhelamos conservar.

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El corazón simboliza tu vida, tus sentimientos, tu voluntad y tu alma. Al protegerlo, el ángel lo resguarda de cualquier peligro.

Sostiene tu corazón porque presenta tu vida interior ante Dios.

No es una protección genérica: el ángel guarda tu intimidad más profunda, representada en tu corazón, cuidando que permanezca en gracia, paz y rectitud. El contacto con el corazón también indica que el ángel inspira, orienta y corrige, ayudando a mantener tus decisiones alineadas con el bien y la verdad.

El ángel está tan unido a ti que su misión se centra en custodiar lo más valioso y vulnerable, tu corazón.

La cabeza del ángel se inclina suavemente, con la mirada puesta en el corazón que guarda entre sus manos. Ese corazón no es solo un símbolo, sino la representación viva de la persona a la que protege. La inclinación de su rostro no es casual, sino un gesto de amor vigilante, de atención constante. Es como si el ángel escuchara los latidos, comprendiera el alma, y velara en silencio, con devoción serena, por aquello que más importa.

El ángel está arrodillado como signo de absoluta obediencia a la voluntad divina. Su postura es la de quien comprende el honor sagrado de su misión: custodiar, guiar y acompañar el alma humana en su caminar por la vida. Arrodillado, el ángel no se exalta ni se impone; con humildad nos recuerda que el verdadero poder nace del servicio silencioso, de la entrega desinteresada, de la fidelidad al bien.

Desde esa postura de reverencia, abraza con su humildad, intercede con su obediencia y acompaña con la silenciosa grandeza de quien ama sin ser visto.

Es un ángel que no solo cuida, sino que reza contigo, que no solo guía, sino que escucha, y que, arrodillado, se convierte en puente entre el cielo y tu vida. En esta obra, las alas no se alzan hacia el cielo, sino que reposan, recogidas y pegadas al cuerpo, en actitud de recogimiento, como si abrazaran también la misión que le ha sido encomendada. Son alas que no buscan volar lejos, sino permanecer cerca; no están hechas para huir, sino para quedarse.

En su recogimiento, las alas simbolizan la cercanía silenciosa del ángel que te acompaña incluso cuando no lo ves, el amor discreto que no hace ruido, la presencia fiel que no necesita mostrarse para estar. Así, plegadas junto a su cuerpo, las alas hablan de la entrega total, de la prontitud para actuar, pero también del respeto: el ángel no irrumpe, simplemente está. Son alas que no llaman la atención, pero lo dicen todo.

Material Polvo de alabastro
Peso 1'200 kg
Dimensiones 9'5 cm x 20 cm